martes, 26 de enero de 2010

Lunes, día de contar nuestras experiencias...

Así fue el día de ayer, el de contar cómo nos había ido a cada uno en nuestros institutos. Y creo que he tenido más o menos suerte. La tipología de centros de enseñanza ha sido de lo más variada.

- Institutos tipo el "Bronx" de Nueva York, aquí en el Barrio de Oporto, con personal de seguridad en la entrada, los profesores abriendo y cerrando puertas para que nadie se quede en las clases, población marginal que no tiene ningún interés en aprender y que no acude regularmente a las clases, profesores desmotivados que sólo quieren jubilarse... Una de mis compañeras me dijo que allí lo más importante es alfabetizar. A la mierda con los programas, el currículo y toda la parafernalia. Que si por lo menos haces que el alumno aprendra cuatro reglas básicas te das con un canto en los dientes.
- Institutos "pijos", a los que acuden alumnos procedentes de centros privados como castigo por haber suspendido asignaturas... ¡Todavía no me lo creo! Como suspenden y a modo de castigo, los padres multimillonarios envían a sus chavales a centros públicos... Sobre todo en niveles de Bachillerato.
- Institutos de nueva creación, con unos cuatro años de funcionamiento, con personal joven que está ilusionada con su labor, y al que acuden alumnos de los nuevos barrios.
- Institutos en los que el profesorado es viejo y no quiere hablar del CAP, Máster y rechaza que alguien se meta en sus clases.

En general la experiencia ha sido buena, pero a casi todos nos han dicho que por qué queremos ser profesores, que nos dediquemos a otra cosa más productiva. Por otro lado, hemos conocido la otra cara de la educación. Tanto máster, tanta programación, tanto rollo y a veces a lo único que puedes aspirar es a que el chico esté en el aula y no en las calles delinquiendo. La tarea del profesor no es sólo enseñar a sumar, a restar, a que esto es un mineral, o que esto es un verbo, sino que tiene que educar. Y eso no lo enseñan en el máster; ese conocimiento es de uno mismo y tiene que ser compartido con los padres, los amigos... etc. Pero a falta de ellos, la tarea para al profesor. ¡Y eso es, en algunos casos, injusto!  

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