Y no es broma. Es lo que siento en estos momentos; estamos de vacaciones y no hay instituto. Y yo me muero de ganas por volver a pisar esas aulas. No sé, pero esas paredes me han estado alimentando durante dos semanas y están llenando depósitos de mi cuerpo que estaban vacíos del todo.
He tenido una suerte tremenda con el centro; y no digamos con el tutor compi de carrera. Lo recuerdo en clase siempre protestando y no estando de acuerdo. ¡Y mira ahora donde está! Estos días me han dado fuerza para luchar por lo que quiero y no dejarme influir (aunque esta semana he tenido discusión con mi padre). Me he sentido igual de llena que cuando estaba con mis chavales en los campas y de repente todo lo que estoy haciendo ha tomado sentido, tiene una razón de ser. He estado puteada con los exámenes del máster, acostándome supertarde; pero ha merecido la pena.
Sigo con el pánico a dar clase, pero creo que esto se me irá disolviendo si me enfrento a ello. Una de las cosas que aprendí de lo que me hacía leer mi psicóloga es que una de las soluciones para vencer al miedo es enfrentarte a él.
Soy consciente de que no me sacaré las opos a la primera, pero por el momento me conformo en decidirme si quiero seguir este camino y no otro: la enseñanza.
Sólo sé que en estas dos semanas he recuperado un poco la felicidad de ser yo y de estar haciendo algo útil para la sociedad y para mí.









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